La Guarida: del cuento a la película

~ febrero 18, 2013 ~

Al principio de todo no fue La Guarida, sino el cuento. Un cuento que había escrito Senel Paz sobre dos hombres aproximados por sus diferencias.

Más tarde, vino la película. Una película basada en aquel cuento donde un homosexual y un comunista se encariñaban sanamente en esa Cuba donde el homosexual y el comunista estaban en las antípodas de la virtud humana.

En la película (y antes, en el cuento), la historia transcurría en una casa de La Habana profunda. Entre aquellas paredes, Diego y David pasaban horas conversando, y tomaban océanos de té en porcelana de Sévres, y champola, y prú oriental, y vodka ruso, y disfrutaban de almuerzos lezamianos, y escuchaban a Caturla y a Lecuona, a Celia Cruz y la Sonora Matancera, a María Callas y Teresa Stratas.

Entonces, como las películas tienen más seguidores que los cuentos, La Guarida se fue haciendo famosa. Muchos jurados se rindieron a los pies de Fresa y Chocolate –que así fue bautizada la película-, y hubo un Oso de Plata, y un Goya, y una nominación al Oscar…

Esa es la historia. O mejor, el origen de la historia. Porque después de aquel estreno vigoroso, aquella casa se convertiría en un símbolo de la cultura cubana. Un restaurante fue abierto en el mismo lugar donde Diego y David le abrieron las puertas a una nueva manera de encarar las opciones sexuales y la militancia política en la Isla.

A partir de ese instante, y al final de la historia, la guarida que acogió a los personajes de esa historia devino en el restaurante La Guarida.

Dos décadas después este lugar tiene una historia propia. Quienes nos han visitado alguna vez sabrán de qué le hablamos. La Guarida, que primero fue de Senel, luego de Titón (Tomás Gutiérrez Alea) y Tabío, después de Diego (Jorge Perugorría) y David (Vladimir Cruz), ahora es de todos ustedes, amigos que nos han acompañado desde Fresa y Chocolate