Concordia 418 y La Guarida, un maridaje perfecto

~ marzo 10, 2014 ~

Bar cuarto 20
El bar del segundo piso ocupa el espacio del cuarto de Nancy, interpretada por Mirta Ibarra en el filme Fresa y Chocolate.

En una época donde casi nada perdura, cien años de historia para un edificio resultan casi increíbles. Pero cuando apreciamos, detenidamente, la fachada y los interiores de Concordia 418 todo empieza a tener sentido. La mansión Camagüey, construida en 1913, durante un siglo ha contemplado las idas y venidas de la historia habanera y de miles de cubanos que la han transitado.

Sin embargo, durante mucho tiempo su estructura y valores arquitectónicos sufrieron las mismas carencias que sus habitantes y la falta de mantenimiento resintió la fortaleza de uno de los palacetes más importantes de la ciudad.

Para devolverle la vitalidad y la belleza al inmueble que acoge su restaurante, el pasado año los propietarios de La Guarida decidieron emprender complejas labores de restauración. Con el apoyo de los residentes del edificio y la planeación del grupo h[r]g_arquitectura, las tareas más complejas casi han concluido. Queda el reto más importante, conservarlo.

Sobre los detalles y la importancia del proyecto conversamos con el arquitecto Orlando Inclán Castañeda, coordinador del equipo.

¿Cómo surge el grupo? ¿Qué elementos distinguen su trabajo?

En nuestro caso somos un grupo de jóvenes arquitectos cubanos, radicados en La Habana. En 2007 creamos el equipo Habana(re)generación para estudiar, sin fines de lucro, lo que pudiera estar pasando con el futuro de la ciudad en los nuevos escenarios culturales, económicos y sociales. Nuestros estudios han tenido que ver con propuestas académicas.

Este grupo abrió otra vertiente que es h[r]g_arquitectura para empezar a cubrir la demanda que la apertura económica del país ha generado. Muchas personas comenzaron a darse cuenta de la necesidad de contar con la asesoría de diseñadores o arquitectos para emprender acciones en sus casas o locales de negocio. Esta intervención ya se nota, se pueden diferenciar los espacios que están pensados y los que no.

La restauración del inmueble situado en Concordia 418 es uno de los trabajos más importantes que han realizado. ¿Cómo se estableció el vínculo de h[r]g_arquitectura con este proyecto?

Nosotros conocimos a Enrique personalmente y él nos pidió que lo ayudáramos a trabajar en el proceso de rescate del edificio Concordia 418. Para nosotros fue un reto por todo lo que representa el edificio para la ciudad y La Guarida como producto cultural. Como jóvenes arquitectos la oportunidad de poder intervenir en un inmueble tan singular fue muy importante. Tuvimos que ir descubriéndolo en su espacialidad, en sus elementos arquitectónicos, en el propio funcionamiento de La Guarida. Entender el binomio entre el edificio y el restaurante fue imprescindible para poder dar buenas soluciones.

Esta edificación es totalmente atípica por su historia, sus valores y las características que lo distinguen. Concordia 418 siempre ha tenido usos muy interesantes, como la consulta del doctor Loredo o las fiestas que acogió como mansión Camagüey. Realmente es un edificio amable que se brinda para la actividad social, y ha encajado perfectamente como embajador de la película Fresa y Chocolate para finalmente crear ese maridaje perfecto con La Guarida.

¿Cuáles son las complejidades que han debido afrontar durante la restauración y la creación de nuevos espacios en La Guarida?

Eso fue muy difícil, porque mucha gente no entiende que en un edificio en esas condiciones exista un lugar como La Guarida. Por suerte, la mayoría de quienes lo visitan son capaces de sentir la magia del espacio, y eso hay que comprenderlo para brindar el servicio gastronómico o trabajar la madera, para reproducir elementos o proponer un mobiliario, un color.

Concordia 418 es un inmueble complicado, de viga y losa, un sistema constructivo que fue concebido para un determinado periodo de tiempo pero que ya caducó. El mal estado de una buena parte de los elementos hizo necesaria su sustitución. Se restituyó la mayor parte de las redes sanitarias y eléctricas y se rehicieron o consolidaron los techos de varias familias. Además, se restauró la galería del restaurante, se amplió la cocina, y se crearon nuevos espacios como el baño, el bar del cuarto 20 y la cubierta. En estos dos últimos todavía nos restan algunas tareas constructivas y de ambientación.

Aunque el bar, el baño y la cubierta se insertan ahora en el edificio y en el entorno de La Guarida, queremos que se sientan como parte del producto cultural que allí se promueve, que lo apoyen y que lo refuercen. La claridad conceptual de Enrique y Odeysis ha sido determinante en este aspecto.

Tratamos de que en el bar aparecieran guiños a la película (es el cuarto de Nancy, interpretada por Mirta Ibarra). Este espacio, aunque es secundario, te introduce en el fenómeno de La Guarida, tiene tonos muy sobrios y a la vez dramáticos. Los colores oscuros, la madera y los grandes espejos buscan marcar el ambiente. Tal y como lo hace el personaje de Nancy, que sin ser protagónico, siempre se recuerda.

De igual forma, en la cubierta buscamos que se pueda ver la ciudad, fortalecer esa relación íntima que logra establecer con las personas que la habitan, algo que el filme también inspira. Buscamos que en este acto de revisión se pueda participar del diálogo interno de confrontación entre el pasado y el futuro de esta “maravillosa ciudad”. Contrapunteo entre el amor y la desidia.

¿Qué importancia le confiere al proyecto emprendido por los propietarios de La Guarida?

Un punto fundamental es el compromiso social que implica salvar este edificio, algo que hay que reconocerle a los propietarios, Enrique y Odeysis, y a todos los que han colaborado con este empeño. Es preciso entender la importancia de que se salve el inmueble, porque La Guarida no puede sobrevivir sin el edificio, como tampoco el edificio sin el restaurante.

El papel social de salvar el patrimonio, de destinar parte de las ganancias a restaurar el inmueble no solo habla de un compromiso social y con el patrimonio sino que demuestra una conciencia sobre los valores del edificio en particular, y es importante que esto pueda repercutir en otros lugares, pues sería la mejor forma de recuperar La Habana.

Insituciones como la Oficina del Historiador hacen un esfuerzo enorme por el rescate del patrimonio arquitectónico y urbano de nuestra ciudad, pero no basta. Es muy grande la cantidad de obras que tenemos, porque también nuestro patrimonio es enorme. Si no se implica una mayor cantidad de personas será imposible, no solo salvarlo sino mantenerlo.

En Concordia 418 esto se logró. Todos sus residentes son conscientes del esfuerzo, lo que cuesta, la energía que implica recuperar un inmueble de este tipo. Ellos fueron una parte decisiva de la transformación del edificio, apoyaron las labores y salieron de sus casas cuando fue necesario. Solo si se participa de ese acto se puede comprender en toda su magnitud, que no es más que poner lo mejor de nuestra condición humana en función de la nación.