A ti a mí nos importa. Restauración en Concordia. Palabras inaugurales del Historiador de La Habana, Eusebio Leal Spengler

~ marzo 24, 2015 ~

Buenas tardes y bienvenidos a la exposición A ti y a mí nos importa. Restauración en Concordia. Aquí con nosotros se encuentra uno de los más prestigiosos arquitectos cubanos, el arquitecto Roberto Gottardi y digo cubano porque a pesar de que cuando uno cruza el puente del Rialto lo primero que encontraba era la Testina de Oro, la casa de la cabeza de oro, la farmacia de sus padres y abuelos, él se consagró, siendo un hombre capaz de vivir una vida elegante en una de las ciudades más bellas del mundo, se consagró por amor a Cuba, aplausos para él.

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Y al mismo tiempo agradecerle mucho a Enrique y a Ode que han aceptado poner un poco a la luz pública algo tan importante e interesante como es precisamente el desafío que a lo largo de los años supone La Guarida.

Cuando evocamos La Guarida la cabeza va buscando el famosísimo trabajo de Senel Paz y la obra brutal de Tomas Gutiérrez Alea: Fresa Y Chocolate, que fue sin lugar a dudas la obra que más contribuyó a tratar de poner sobre la mesa un tema de nuestra realidad,  impúdicamente del arte. Al mismo tiempo que la labor de los artistas, de Mirta, de Perugorría y de los demás actores supone la reconstrucción de la vida real en una parte de La Habana que no pocos autores han tratado de representar de alguna manera: a veces con toda la dureza y la fuerza que supone el ingreso al antiguo palacio del Doctor Loredo.

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Confieso, después que la Reina de España dijo aquellas hermosas palabras que se han conservado: “ ¿A dónde me habéis traído?”, acostumbrada al suntuoso espacio madrileño o a los lindos restaurantes atildados encontró de pronto lo insólito, un lugar que presentaba una realidad cubana desde el discurso del manifiesto que preside la escalera, hasta una estatua sin cabeza, un salón que debió ser un espléndido lugar de bailar en el cual estaban colgadas -como mismo estaban hace unos días-, como el más hermoso espectáculo, las servilletas de un prestigioso restaurant de La Habana.

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 Si los cubanos no amásemos con tanta pasión lo que viene de afuera quizás habríamos sido más creativos y hace rato habríamos reivindicado el modesto nombre atribuido a la muy modesta labor de la actriz brasileña que hizo famosa esa palabra  y diríamos que corresponde en el caso de La Guarida: bel, gran y hermoso restaurant, no por su tamaño si no por la calidad del servicio por el compromiso personal de sus dueños y por el trabajo delicado de todos los que trabajan  allí.

Fui tarde y con un reproche, porque siempre solía comentar a una amiga mía, por qué razón Enrique no ha descendido de allí y ha avanzado sobre ese palacio maravilloso y que aparezca finalmente una perla en el corazón del derruido territorio de Centro Habana, donde quizá esta la arquitectura más imaginativa y más novedosa y más creadora. Siempre me recuerda lo que dijo alguna vez nuestro filósofo cuando preguntado sobre cuál era su escuela  él dijo todas las escuelas y ninguna, he ahí la escuela, esa es la escuela de la arquitectura Centro Habana donde se hizo lo que más gustaba a los cubanos: rellenar los espacios con las más insólitas criaturas y al mismo tiempo vivir allí un esplendor.expo-restauración-la-guarida (6)

Enrique está ligado a esa casa, desde tiempos ancestrales, de ahí que la construcción de lo que él hizo desde la pequeña iniciativa se convirtió en un proyecto regenerador que se proyecta sobre la ciudad, y ese proyecto regenerador se anticipa a todo lo que posteriormente se convirtió en una apertura jurídica, fue necesario desafiar incomprensiones porque todo tiene su tiempo, todo tiene su momento y no sé por qué los precursores siempre tienen que pagar -a veces dolorosamente- lo que imaginan.

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Sin embargo hoy es una realidad consolidada y hablando con mi amigo (Orlando Inclán) y visitando la obra nuevamente, gracias a la generosidad de una amiga mía muy querida, me llevo allí subiendo la escalera a probar un solo plato que es el que me gustaba a mí y que no voy a decir cuál es, resulta ser que de la mano de Claudia (Angurell) llegué un día a aquel lugar y vi la belleza de la composición de ese estado de ánimo que allí se habla, estado de ánimo que atribuyo a toda La Habana pero que allí particularmente se vuelve añoranza, culto por una belleza decadente que es como el velo que cubre la Ciudad de La Habana. Pero también es un espacio de excelencia, de exigencia y de rigor, y también necesariamente de prosperidad porque el que trate de hallar lo último sin recorrer los otros tres caminos pierde el rumbo.

Hoy mostramos el proyecto con el cual hay muchas aspiraciones, empezaría por el más alto: un marco en el cual se contempla La Habana, uno cuando mira el retrato, el cuadro imagina lo que quiere, delante está el paisaje donde las gentes, como se puede ver en nuestra famosísima cámara oscura, es descubierta –sin saberlo ellos desde luego- en lo que hacen, en los menesteres de la casa, la que baña el niño, la que cocina, la que prepara el suelo polvoriento las pizzas que va a vender luego, todo eso se ve desde arriba, pero también se ve la inmensidad del mar, el paisaje, la belleza del mas allá que a los cubanos siempre les ha interesado porque somos una cultura de isla.

Y después aparece la escala de Bovolo de Venecia, interpretada por él de una manera enteramente nueva lo cual ha supuesto un desafío estructural, un conocimiento de la naturaleza y la capacidad que una casa buena tiene cuando alguien la toca y ella misma reacciona y dice: -Yo soy así, como estas puertas preciosas que una vez que comienza a ser restaurada aparece con toda la belleza y esplendor de su naturaleza invencible.

Están también los pavimentos, son preciosos, hay una muestra, podrían estar en la iglesia del San Donato donde aparecen los pavimentos casi romanos del piso y es también una serie de ficción que tendremos que leer casi como quien se introduce en la historia para luego finalmente enfrentarnos a la sala, a los artistas que están metidos en lo que yo denominé, cuando vi el proyecto de la cocina como el corazón del Titanic: ahí dentro había una maquinaria en movimiento que era como la del Titanic, todo el mundo -en una visita inesperada-, se movía acompasadamente haciendo cada uno su menester.

Debo decir, que sin saberlo, un día llegaron a la puerta unos vendedores que podríamos denominar chamarirelos trayéndoles ciertos bocallaves que estaban allí, dulce imprudencia porque no tenía entonces la amistad con Enrique, la tuve después sentado en la mesa, y pensando en el sueño de realizar el noble proyecto de salvar la casa de los azulejos de la calle Galiano -cosa que se frustró porque la democracia es enemiga de las alas, donde quiera que hay alas ella busca quimeras-. Desde luego que los bocallaves eran los de la Santa y metropolitana Catedral de La Habana, enterado Enrique inmediatamente fueron restituidos a la puerta lateral de la Capilla de Loreto y allí están las llaves, la tiara y el escudo con una llave inmensa que les va a abrir una puerta como la que hoy queremos abrir con esta exposición.

Quiero felicitar de todo corazón a mi admirado amigo (Orlando Inclán) y a todos sus colaboradores, quiero felicitar también a Enrique y Ode por su trabajo, por su dedicación, su presencia permanente en algo muy difícil y que a veces los cubanos tienen a menos, que es el arte de servir, que es algo muy noble que no se paga absolutamente con nada. Recuerdo que es una ofensa, aquí no gracias a dios, dejar una propina, pero en Japón por ejemplo sería una ofensa mortal porque nadie concibe que una sonrisa, una gentileza, un buen trabajo pueda ser compensado con un centavo o con unos pesos, claro esos empleado están muy bien pagados.

Ahora yo me permito ubicarlos en esta muestra, disfruten de los objetos originales, de la mística que supone La Guarida y pensemos en cuantas cadenas corto la obra de Tomás Gutiérrez Alea, cuantas cadenas cortó, cuantos perjuicios rompió, como contribuyó a eso que es lo más bello a lo que puede aspirar el ser humano y que es en última instancia la razón de ser: la búsqueda de la verdad y de la libertad.